Mi primera media maratón ha sido la de Vilanova i la Geltrú www.mitjavilanova.org . El hecho de desarrollarse en una zona que conozco y donde a veces me entreno, me daba confianza en superar el reto de acabar los 21,097 metros en menos de dos horas. El día, frío, sin exceso; llovió por la mañana y las condiciones eran buenas para correr, excelente organización. El ambiente impresionante, la primera vez que corría en una carrera de este tipo con mil cuatrocientas personas. Espero que me respete mi rodilla izquierda, como yo la he respetado a ella. Espero también que mi médico no lea este post por aquello que me dijo de tomatelo con calma.
La primera decisión: ¿a qué ritmo correr? Sólo tenía experiencia en una carrera de montaña de esa distancia, pero es muy diferente. En la montaña el despliegue físico es importante pero en la Mitja no sólo afecta el físico sino el aspecto mental es determinante. La uniformidad del recorrido te obliga a no equivocarte con salidas exuberantes y que te pille el Muro. Por tanto, elegí la filosofía de empezar como un viejo para acabar como un joven ;), a 165 pulsaciones, mi ritmo de comodidad de entreno. Nunca miro el crono hasta el final pero en el kilómetro quince revisaré el ritmo por kilómetro, a ver que tal.
Los primeros cuatro kilómetros por la Ronda Ibérica son de “tanteo”, el grupo muy compacto y la impresión es que la mayoría de por allí conocen lo que se traen entre manos. Una vez llegados de nuevo a las pistas de atletismo empieza la bajada por la Ronda Europa hacía la playa. Las 165 van perfectas. Se entra en el paseo Marítimo con unos ocho kilómetros y se sale con unos catorce, o sea que paseo arriba y abajo se hacen casi seis kilómetros. Creo es una de las partes más duras. En el kilómetro nueve, a la entrada del puerto, entro lo que llamo el punto de equilibrio, más a menos no adelanto a nadie y casi nadie me adelanta a mí. Una de los entretenimientos es ir mirando a los corredores en sentido contrario en los puntos de cruce y saludando a conocidos, hay que ir distrayendo a la cabeza. Las piernas, que hasta ese momento no habían pedido la palabra, empiezan a quejarse.
Casi sin darme cuenta llevo más de quince kilómetros, me he olvidado de mirar el crono en el quince y lo hago en el dieciséis (1h 22min), a un poco más 5min/km. Me sorprende por alto.
Pero si la playa era la parte dura, ahora viene la parte salvaje de la carrera. Enfilar la carretera de Cubelles, con sus toboganes, sus rectas y cruzándote con corredores que llevan dos kilómetros más que tú es duro. Sigo saludando pero las caras ya no son las mismas. Los brazos empiezan también a manifestarse. Las 165 pulsaciones ya son historia, de 175 no bajo.
De todas formas, cuando pasada la entrada de la Cucanya empiezas el retorno a VNG sabes que lo peor a pasado. Mi idea era apretar en el 17..., casi mejor lo dejo para el 19,...o quizás en el 20. El trecho que queda se hace como puedes y a dos kilómetros del final las piernas triplican su peso, no se si ha sido muro o tabique pero ya no quedaba ni para el pequeño esprint de la llegada. 1h 52min!!. ¿Me apunto a la de Sitges? Voy a echar una siesta y lo decido.
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